En nuestro país Venezuela, históricamente el año escolar se inicia en el mes de septiembre y finaliza en julio del año siguiente. Junio y julio representan el tiempo adecuado para realizar todas las actividades de culminación y de evaluación institucional que fueron planificadas minuciosamente por los docentes desde el inicio de las actividades escolares.
Resulta fundamental propiciar espacios de encuentros presenciales o virtuales con los diversos miembros que integran la comunidad escolar. En estos espacios de debate debe fluir una información transparente sobre las experiencias pedagógicas vividas por cada individuo o grupo, reconociendo los logros alcanzados y los obstáculos superados.
Es necesario evaluar tanto las pequeñas acciones diarias como los grandes proyectos colectivos que tendríamos que mejorar, bajo el claro entendido de que para el próximo año escolar las condiciones del entorno pudieran ser bastante similares a las actuales.
Asimismo, se hace indispensable revisar y balancear de manera muy crítica el cumplimiento de los propósitos, los objetivos de aprendizaje y las metas institucionales trazadas originalmente en el Plan Operativo o Plan Anual, así como en los proyectos y planes desarrollados en los diferentes momentos pedagógicos o lapsos académicos.
Es el tiempo de las evaluaciones finales, Consejos de Cursos, entrega de boletas, certificados y títulos, actos de grado, inscripciones y oportunidad para pensar en nuevos planes para el próximo año escolar.
Finalmente, el verdadero valor de dichos encuentros radica en generar de forma concertada un documento técnico con conclusiones sólidas y recomendaciones viables. Este informe de gestión servirá a todos los actores educativos de guía estratégica para orientar nuestras próximas acciones. Además, debemos compartir este valioso aprendizaje reflexivo con las autoridades de las comunidades cercanas y las escuelas amigas de la región.
Es importante que al final de cada año escolar podamos reflexionar y nos cuestionemos preguntándonos si realmente logramos las metas propuestas. Es una manera de que podamos retomar lo que no pudimos lograr y mejorar lo que sí se hizo pero que se puede hacer mejor. El docente debe estar siempre dispuesto a cuestionarse para buscar la excelencia.