…Y entonces ?

Hace como 70 años  –toda una vida–  Emilio Blaslov, un cura belga de menos de  40 años, con casi una década de vida sacerdotal parroquial en su país, llegó como misionero a Caracas. Párroco de Lídice, encontró que los muchachos de su comunidad no estudiaban ni trabajaban porque, como le  dijeron, “no sabían”. Muy preocupado, lo reportó al obispo, quien le indicó: ¡Enséñalos a trabajar! De ese mandato nació APEP.

¿De dónde venimos?

Gestión educativa actual iluminada por la Palabra de Dios integrada en perspectiva ecológica abierta a innovaciones educativas que integran padres y representantes con los maestros en el hecho educativo que abre caminos de nueva humanidad… porque tiene como centro el TRABAJO: la actividad humana de intervenir sobre la naturaleza para producir bienes útiles para compartir con los demás.

Aprender para enseñar producción

…¿VALE LA PENA?

“–Estudie, para que no tenga que trabajar como yo…”– fue la aspiración y la consigna de los venezolanos en la Venezuela que descubrió Blaslov cuando desembarcó aquí.

Aunque fuese el ideal de los abuelos, Blaslov, lúcidamente ya hace más de medio siglo, se dio cuenta de que había qué cambiar el paradigma: no se trata de estudiar para aprender a trabajar, sino de trabajar para aprender a  servir, a ser gente, a alcanzar la medida plena de ciudadanía de un ser humano completo.

Enseñar lo que se sabe con lo que se es / aprender a aprender / aprender haciendo a unos estudiantes que en su mayoría vienen de liceos públicos entre cuatro y seis horas por semana durante el período escolar, de uno a cinco años lectivos en un taller que puede ser de cocina, electricidad, computación, o cultivo de hortalizas, entre otros oficios, no es tarea fácil. Y es aún más difícil, si se  pretende que, haciéndolo, se llegue a asumir que se trata de aprender solidariamente a trabajar produciendo para servir a la colectividad’.

El contexto

Ese reto dio origen a APEP en la Venezuela que con algo más de 7 millones de habitantes, uno de cada 3 era menor de 10 años, uno de cada 5 contaba entre 10 y 18, y el desempleo alcanzaba al 13% de la fuerza laboral. Hoy nos acercamos a los 30 millones y la población entre 10 y 18 representa uno de cada 8 habitantes.

Venezuela contaba con una estabilidad monetaria invariable desde antes de 1925 hasta 1958, y es solamente desde 1983, cuando comienza  y en este siglo se dispara la carrera espacial inflacionaria.

En lo político, se redactaba la Constitución de 1961, sustituida por la Constitución 1999 que afirma “el carácter fundamental de educación y trabajo como base de ciudadanía” (art.3).  

Desde el punto de vista pastoral – “educación popular de la Iglesia” fue el mandato episcopal asumido por Blaslov– no se había aún convocado el Concilio Vaticano II (1962-65), seguido en América Latina por Medellín 1968 y un largo desarrollo de más de medio siglo, con hitos recientes que, apuntan a un diagnóstico de agotamiento del pacto educativo vigente y angustioso llamamiento a la conformación de un nuevo pacto educativo global, como condición de existencia humana: educación y trabajo serían entonces los pilares de la paz abierta al reinado de Dios.

En 1993, escribía el P. Blaslov:

…Las dos únicas convergencias de los pensadores de Venezuela en mayo de 1993 fueron las siguientes: 1. El mayor desastre de nuestro país es nuestra educación. 2. Sin una educación de calidad no hay remedio para Venezuela.

…con la Educación Básica actual, los pobres no han sido preparados para subvenir a las necesidades elementales de la supervivencia. … La fraternidad y la justicia surgirán en nosotros, si tú preparas la juventud del país….. 

El llamado

Dios es quien nos llama y las necesidades que debemos satisfacer son las de Venezuela… La Educación para el Trabajo nunca ha sido tan importante como lo es hoy. El petróleo es incapaz de reemplazar el trabajo de los venezolanos.                                                                         

Somos indispensables; nuestro trabajo es indispensable

Es un problema de subsistencia. Hay que asegurar la autosuficiencia. La supervivencia normal de un país exige que todos los alimentos, vestidos y objetos corrientes sean fabricados en el país y no sean importados, simplemente porque el “mercado mundial” no tiene los precios que la inmensa mayoría puede pagar. 

No tenemos el derecho de reducir a la miseria a todo un país. Las profesiones que salvarán a Venezuela son aquellas que producen los bienes y servicios que necesitamos . . . y… no podríamos importar… No seremos comprendidos, seremos rechazados por muchas personas. Sin embargo, más tarde, en nuestra madurez, podremos decir: “nuestra vida fue dura, pero fabulosa”. 

Saldrán de la Educación con una vocación para llevar a cabo, conocerán el objeto de sus vidas, en esta época de la historia de Venezuela…, Venezuela, que era un país rico donde se podía importar todo, se convirtió en un país donde la mayoría carece de lo necesario…

 Todo parecido con la realidad, no es coincidencia. Tal vez, sí, indicador de la pertinencia del diagnóstico del papa Francisco sobre la caducidad del vigente y urgencia de la creación de un nuevo pacto educativo que involucre toda la “aldea global” en que vivimos.