La figura de san José, integrada en la Sagrada Familia, no es solo un referente devocional, sino el fundamento mismo de su modelo pedagógico y social. Monseñor Emilio Blaslov establece que la misión de formar a los sectores más populares en la «Educación para el Trabajo» encuentra su raíz en el testimonio de humildad y laboriosidad de Nazaret.

La opción preferencial por los sectores populares

La identidad de la APEP nace del reconocimiento de la dignidad en la pobreza extrema, tal como la vivieron María y José en Belén. Los pastores «fueron de prisa y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el establo».

Este entorno es definido por la institución como el punto de partida de su servicio: «las señales del establo, del comedero de animales como cuna y sólo pañales para envolverlo, son la revelación de la miseria que rodea a Jesús«. Para la APEP, este «amor preferencial por los sectores populares nace junto a Jesús en Belén» y se convierte en el instrumento para transformar la realidad de los barrios populares en Venezuela.

San José y el «Maestro Modelo» en el Taller

En el ámbito educativo, los docentes de la APEP encuentran en el taller de Nazaret su mayor inspiración profesional. Ellos «ven en Jesucristo, el carpintero de Nazaret, el maestro modelo a alguien muy próximo y a alguien por imitar».

A través de la figura de José como guía de Jesús en el oficio, se dignifica el esfuerzo manual: «Jesucristo… dio al trabajo una dignidad extraordinaria, trabajando con sus propias manos en Nazaret». Mons. Blaslov se pregunta sobre la importancia de esos años de vida oculta de Jesús bajo la tutela de san José: «¿Por qué trabajó Jesús hasta los treinta años como carpintero y solamente predicó durante tres años? ¿Era el trabajo tan importante? Sí lo era, sí lo es«.

La «Carta Magna» de la Familia Cristiana

San José es también el pilar de la convivencia familiar que la APEP busca replicar en cada hogar venezolano. La Sagrada Familia es la «Carta Magna de la Familia Cristiana».

Al respecto, dice Monseñor Blaslov: «la liturgia nos invita a rehacer en nuestro hogar la familia de Nazaret«. Para lograrlo, se proponen valores específicos que san José encarnó: «los sentimientos necesarios se citan de manera clara: ternura, compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia«.

Hacia la Transformación de la «Iglesia Doméstica»

El objetivo final de proponer a san José como modelo es elevar la calidad de vida de las comunidades. Siguiendo el ejemplo de la familia de Nazaret, el hogar debe dejar de ser un simple sitio para comer y dormir para convertirse en una «iglesia doméstica».

En este espacio, inspirado por José y María, se busca «tratarnos unos a otros como si sirviéramos a Dios mismo». Este enfoque permite que el trabajo y la vida familiar se unan en una síntesis perfecta, donde el esfuerzo diario es una «expresión concreta de nuestra responsabilidad» y una forma de «cooperar en el perfeccionamiento de la creación divina».

José como educador en la figura paterna 

En los tiempos de Jesús, la educación judía era un proceso integral que fusionaba la fe con la vida cotidiana, donde la familia actuaba como la primera y más importante escuela. Bajo el mandato del Shemá, los padres tenían la responsabilidad sagrada de grabar la Ley en el corazón de sus hijos mediante la repetición y el ritual doméstico. 

A partir de los seis años, esta formación se formalizaba en el Bet Sefer de la sinagoga, donde los niños aprendían a leer y escribir utilizando el texto sagrado. Como bien señala el historiador Flavio Josefo, la prioridad del sistema no era la mera erudición académica, sino asegurar que cada joven conociera sus deberes religiosos de forma tan profunda que la Ley se convirtiera en su segunda naturaleza.

En este contexto, la figura de José fue determinante como el principal mentor de Jesús en sus dimensiones civil y espiritual. Siguiendo la tradición rabínica que obligaba a los padres a transmitir un medio de vida, José instruyó a Jesús en el oficio de tekton (artesano o constructor), una labor que demandaba no solo destreza manual, sino también una ética de trabajo rigurosa y honestidad en el trato social. 

Al mismo tiempo, como cabeza de familia, José fue quien introdujo a Jesús en la liturgia del Sabbat y lo guió en las peregrinaciones anuales a Jerusalén. Su papel personifica el ideal del padre judío del siglo I: un puente vital que conectaba la herencia espiritual de sus antepasados con la formación práctica necesaria para la vida adulta.

Fuentes