La encíclica Rerum Novarum, promulgada por el papa León XIII el 15 de mayo de 1891, no solo es un documento fundacional sobre los derechos de los trabajadores y la acción social de la Iglesia, sino que ofrece una visión integral sobre la formación humana y espiritual de las clases populares. Para la Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP), este documento es clave para entender la educación no como una mera transmisión de conocimientos, sino como el perfeccionamiento del alma y la garantía de la dignidad humana.

La formación integral: Inteligencia y Voluntad

El enfoque principal de la Iglesia, según el documento pontificio, es una educación que abarque tanto la mente como el comportamiento ético. No basta con el conocimiento teórico o técnico si este no se traduce en una vida recta. Dice el Papa que la Iglesia:

«[…] trata no sólo de instruir la inteligencia, sino también de encauzar la vida y las costumbres de cada uno con sus preceptos; ella la que mejora la situación de los trabajadores con muchas utilísimas instituciones; ella la que quiere y desea ardientemente que los pensamientos y las fuerzas de todos los órdenes sociales se alíen con la finalidad de mirar por el bien de la causa obrera de la mejor manera posible, y estima que a tal fin deben orientarse, si bien con justicia y moderación, las mismas leyes y la autoridad del Estado».

La protección de la infancia y el desarrollo educativo

Uno de los puntos más enfáticos de León XIII es la crítica al trabajo infantil prematuro, que actúa como un obstáculo para la educación y el desarrollo natural del niño. La encíclica es clara al exigir que la educación y el crecimiento precedan a la vida laboral:

«se ha de evitar cuidadosamente y sobre todo que entren en talleres antes de que la edad haya dado el suficiente desarrollo a su cuerpo, a su inteligencia y a su alma».

Para los sectores populares, esto implica una defensa de la infancia como un tiempo de preparación donde «la actividad precoz agosta, como a las hierbas tiernas, las fuerzas que brotan de la infancia». 

Sin embargo, debe distinguirse la explotación o la inserción laboral a tiempo parcial o completo de una adecuada formación para el trabajo que se imparte de manera progresiva y según las fuerzas en nuestros talleres desde la temprana adolescencia. 

Sigue siendo esta una llamada de atención sobre nuestro entorno que nos haga pensar sobre qué hacemos o dejamos de hacer para que esta realidad pueda ser transformada, en la que los niños, niñas y adolescentes no tengan que ser sustentos de hogar y puedan tener una adecuada formación sistemática en las instituciones privadas o del Estado. 

La educación religiosa como base de la ciudadanía

Para León XIII, la instrucción religiosa no es un accesorio, sino el fundamento para que el obrero conozca sus derechos y deberes. En el contexto de las asociaciones obreras, se promueve una formación que proteja al trabajador de ideologías que puedan confundirlo:

«Aceptados, pues, los principios divinos, désele un gran valor a la instrucción religiosa, de modo que cada uno conozca sus obligaciones para con Dios; que sepa lo que ha de creer, lo que ha esperar y lo que ha de hacer para su salvación eterna».

Esta educación debe fortalecer a los sectores populares «contra los errores de ciertas opiniones y contra las diversas corruptelas del vicio», que terminan degradando a la humanidad misma y desviándola de su fin trascendente.

Educación doméstica y el rol de la mujer

El documento también destaca un enfoque educativo situado en el hogar, donde la mujer desempeña un papel central en la formación de las nuevas generaciones de los sectores populares. Se menciona que las labores domésticas:

«responden por naturaleza a la educación de los hijos y a la prosperidad de la familia».

Diferencia de clases y Educación especializada

El Santo Padre hace énfasis en las diferencias sociales y señala la importancia de destacar la diversidad de dones y de condiciones, para lo que sugiere: «Y hay por naturaleza entre los hombres muchas y grandes diferencias; no son iguales los talentos de todos, no la habilidad, ni la salud, ni lo son las fuerzas; y de la inevitable diferencia de estas cosas brota espontáneamente la diferencia de fortuna».

Por tanto, una educación inclusiva debe considerar los diferentes dones para encauzarlos a buen término tanto en las distintas clases sociales como en las personas mismas, para el bien de todos. 

Fuente: 

Leon XIII. (15 de mayo de 1891). Carta Encíclica Rerum Novarum.  Dicasterio para la Comunicación. Disponible en: https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html