La constitución pastoral Gaudium et Spes señala que el porvenir de la humanidad está en manos de quienes sepan transmitir a las nuevas generaciones razones para vivir y para esperar. Para los educadores venezolanos de hoy, y de manera muy particular para nuestra Asociación de Promoción de Educación Popular (APEP), este principio se convierte en una orientación fundamental. Se trata de salir al encuentro de nuestros niños, adolescentes y jóvenes; de acercarnos a una generación que ha sido profundamente golpeada por una realidad que, en muchos casos, se ha desbordado, tal como lo evidencia la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2025).

Esta crisis ha superado con creces la capacidad de respuesta de los más jóvenes. Nos enfrentamos a una generación que, en cierta medida, ha sido abandonada a su suerte y vulnerada por múltiples factores, entre ellos la pobreza extrema y la dolorosa separación familiar. Muchos de sus padres se han visto obligados a migrar, dejándolos al cuidado de parientes o de terceras personas que no siempre cuentan con las herramientas necesarias para acompañarlos en su camino de crecimiento humano y personal.

Por otro lado, estos jóvenes se encuentran en el centro de intereses ajenos: están quienes pretenden ver en ellos una oportunidad para el rédito político fácil, quienes buscan convertirlos en consumidores compulsivos de cualquier producto, o aquellos que intentan lucrarse a costa de su vulnerabilidad, arrastrándolos por senderos donde su dignidad humana queda desdibujada.

Frente a esta cruda realidad, la educación católica, y la APEP en especial, está invitada a redescubrir y defender esa dignidad profunda que el Salmo 8 no duda en comparar con la de los seres celestiales al proclamar: «Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad».

En sintonía con esto, el Santo Padre en sus intenciones para este mes de junio nos convoca a visibilizar en los valores del deporte elementos fundamentales para el camino que debemos recorrer. Él nos recuerda que, a través de la práctica deportiva, los jóvenes aprenden a plantearse metas, y se siembran en ellos el respeto, la colaboración mutua y la capacidad de celebrar juntos los logros que dan vida.

Sin duda, la celebración de eventos de gran magnitud y el entusiasmo por el fútbol se convertirán en un motivo de alegría para nuestros muchachos. El reto para nosotros, como docentes, es aprovechar esa energía para transformar nuestros centros educativos en espacios seguros y serenos. Es una invitación urgente a reconstruir la comunidad educativa desde un sentido de paz, de esfuerzo compartido y con una mirada firmemente puesta en los valores democráticos.