Semanas después de los sismos de la tarde de San Juan, resulta oportuno proponer un camino de reflexión y oración. Lo hacemos de la mano de quien fuera el gran inspirador de la misión en Venezuela de monseñor Emilio Blaslov, fundador de la Asociación de Promoción de la Educación Popular (APEP): San Benito de Nursia. Iniciador de la vida monástica en Europa, su fiesta litúrgica se celebra cada 11 de julio.
‘Ora et labora’: El origen de la Educación para el Trabajo
«Reza trabajando y trabaja rezando».
Esta máxima no la inventó monseñor Blaslov; la tomó directamente de la Regla de Benito de Nursia. La Educación para el Trabajo nos conecta directamente con la línea de evangelización que los hijos de San Benito llevaron a cabo en la Europa occidental de los siglos XI y XII. En aquel continente se fundaron unas 700 abadías que, con el tiempo, dieron origen a numerosas ciudades prósperas. Este fenómeno, que unió la fe con el desarrollo social, es un modelo que merece ser estudiado a fondo.
¿Quién fue san Benito de Nursia?
Benito vivió hace quince siglos —mil años antes del viaje de Cristóbal Colón a América— en un mundo tanto o más caótico que el nuestro, y ciertamente más confuso que la Venezuela que encontró Blaslov hace siete décadas.
Nacido en Nursia (Italia) en el año 480, Benito creció en un ambiente de saqueos, guerras y migraciones, justo cuando los bárbaros acababan de deponer al último emperador romano de Occidente (476 d.C.). Aunque Roma estaba sumida en la decadencia, seguía siendo un importante centro cultural.
Siendo un joven estudiante en una Roma agitada y frívola, Benito se hastió de ese entorno. Abandonó sus estudios y vivió durante varios años como ermitaño. En ese aislamiento profundizó en su vida interior, pacificó su personalidad y disciplinó su sensibilidad abriendo su espíritu a Dios, hasta que aceptó la responsabilidad de guiar a otros jóvenes en el camino monástico.
Así se fundó una docena de conventos bajo una regla de vida redactada por él. Su hermana, santa Escolástica, adoptó esta misma forma de vida, dando origen al monacato femenino y masculino en Europa.
El legado de los Papas: Una luz para la historia y el presente
A lo largo de los años, los pontífices han resaltado el impacto de la visión benedictina como motor de la civilización:
Pablo VI (1964): Cruz, libro y arado
Al proclamarlo patrono principal de Europa, afirmó que san Benito fue un «mensajero de la paz, artesano de la unidad, maestro de civilización y heraldo de la religión de Cristo». Con sus hijos espirituales, extendió el progreso cristiano mediante la cruz (la fe), el libro (la cultura) y el arado (el trabajo agrícola).
Juan Pablo II (1980): Hacer normal lo heroico
El Papa viajero recordó que Benito nació justo cuando el mundo antiguo se derrumbaba. En medio de esa ruina política, supo interpretar los «signos de los tiempos». Su Regla convirtió la unión de la oración y el trabajo en un principio de eternidad.
Benito vio la necesidad de realizar el programa radical de la santidad evangélica en las dimensiones de la vida cotidiana. Era necesario que lo heroico se hiciese normal, y que lo normal se hiciese heroico. Allí donde llegaba el programa benedictino, el trabajo humano condicionaba positivamente la economía, la cultura y la vida social.
Benedicto XVI (2008): Raíces éticas y espirituales
Quien tomara su nombre de pontificado en honor al santo, advirtió que para crear una unidad duradera en una sociedad no bastan los instrumentos políticos, económicos y jurídicos: «Es necesario suscitar una renovación ética y espiritual que se inspire en las raíces cristianas, de lo contrario no se puede reconstruir».
Francisco (2018): El arte de vivir el verdadero humanismo
El papa Francisco definió al gran monje como un maestro que enseña a discernir entre lo esencial y lo secundario, poniendo firmemente en el centro al Señor. La espiritualidad benedictina (Ora et labora et lege: oración, trabajo y estudio) genera un fervor que nos lleva a compartir los dones de la sabiduría con toda la comunidad.
León XIV (2025): Contra la cultura de la exclusión
En su Exhortación Apostólica Dilexit te, el Papa destaca cómo la hospitalidad monástica se convirtió en la columna vertebral de Europa:
«Los monasterios benedictinos se convirtieron en lugares que contrastaban la cultura de la exclusión. Los monjes cultivaban la tierra, producían alimentos y preparaban medicinas para ofrecerlos a los más necesitados. Su trabajo silencioso fue fermento de una nueva civilización, donde los pobres no eran un problema que resolver, sino hermanos y hermanas que acoger (…). El saber se compartía como don y responsabilidad».
Un faro para la reconstrucción de Venezuela
Que san Benito, el inspirador que guió a monseñor Emilio Blaslov a fundar la APEP, nos oriente hoy en la gran tarea de reconstrucción nacional y humana que, tras los sismos de san Juan, tenemos por delante. Su llamado sigue vigente: transformar las crisis en oportunidades a través del esfuerzo digno, el estudio constante y la fe compartida.
Nota: La Regla de San Benito y las declaraciones pontificias citadas en este artículo pueden consultarse en los portales oficiales de Vatican News y en las páginas web de la Orden Benedictina.